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Quiero mi dosis
Behobia San Sebastián, como nunca te la han contado

No estás preparado para esto.

20 km. Miles de personas gritando tu nombre. Y tú preguntándote en qué momento te metiste en este lío.

No es motivación barata. Es gasolina.

La Behobia no es una carrera.

Es un sitio donde corres sin piernas, sonríes sin motivo y lloras sin vergüenza. Y luego quieres repetir. Como las malas decisiones. Pero con aplausos.

01

Vienes a correr

Eso te dices. Luego descubres que has venido a comprobar de qué estás hecho cuando las cuestas te ponen fino.

02

Crees que vas solo

No. Vas con una carretera entera empujándote. Gente que no te conoce y aun así te anima como si pagaras sus facturas.

03

Acabas tocado

Físicamente sí. Emocionalmente también. Pero de ese tocado bueno. Del que te deja media sonrisa de loco feliz.

Aquí no vienes a ganar. Vienes a sentir algo.

Y cuando pasa, ya no sales igual.
Lo que no te cuentan
  • Vas a odiar cada cuesta… y amar cada segundo.
  • El último kilómetro pesa más que muchas malas decisiones juntas.
  • El público te trata como si fueras élite. Aunque vayas negociando con tus gemelos.
Lo que lo cambia todo
  • Gente gritando tu nombre sin pedirte nada a cambio. Rarísimo. Maravilloso.
  • Niños chocando manos como si fueras una estrella del rock sudada.
  • Abuelas animando con más fe que medio internet junto.
Aquí eres alguien.

“Yo venía a correr. Acabé llorando como un idiota en meta. Volvería mañana.”

Testimonio poco científico. Bastante exacto.
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